Nadie quiere la noche

Nadie quiere la noche

La viuda de saint-pierre

Endless Night (Nadie quiere la noche) es una película dramática de 2015 dirigida por Isabel Coixet. Fue seleccionada para inaugurar la 65ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín[1] La película está ambientada en 1908 en Groenlandia y es una coproducción internacional entre España, Francia y Bulgaria[2] La película se estrenó con el título Nadie quiere la noche. Tras las malas críticas y las ventas, la película fue recortada por Coixet y estrenada con el título de La noche interminable[3].
Groenlandia, 1908. Josephine, la confiada y audaz esposa del famoso explorador del Ártico, Robert Peary, se embarca en un peligroso viaje en pos de su marido, que busca una ruta hacia el Polo Norte. Conoce a Allaka, una chica esquimal que está embarazada.
La película recibió críticas negativas tras su estreno en Berlín. Peter Bradshaw, de The Guardian, le dio dos estrellas de cinco y observó que “[l]a película posee sabores humanistas insípidos, gestos de nueva era y estereotipos pintorescos”[4] The Hollywood Reporter la calificó de “inconsistente” y “una bolsa mixta”. [5] En su crítica para Variety, Guy Lodge escribió que “[la película] es dramáticamente tan pálida y sin vida como la tundra helada en la que se desarrolla”[6] Jessica Kiang, de Indiewire, criticó el guión y la dirección de Coixet, añadiendo que “siempre que amenaza con encontrar su camino, pronto lo pierde de nuevo”[7].

Una película a corazón abierto 2012

“Uno siempre debe terminar lo que empieza. Y yo terminaré esto”. Dicho por Juliette Binoche, escrito por el guionista Miguel Barros y dirigido por Isabel Coixet en “Nadie quiere la noche”, son palabras para vivir. Especialmente cuando nos enfrentamos a la desalentadora perspectiva de escribir sobre la grandilocuente “Nadie quiere la noche”, una película que cae exactamente en el punto ciego entre “mediocre” y “francamente mala”. Sin embargo, tiene intenciones profundamente serias, y de vez en cuando, como una persona ciega de nieve y hambrienta en una ventisca que tropieza con un cadáver, tropieza con un momento de carnosidad. Pero el guión es tan inseguro de sí mismo y la dirección de Coixet tan irregular que cada vez que amenaza con encontrar el camino, pronto lo pierde de nuevo.
El título “inspirado en personas reales” (en lugar de “basado en hechos reales”, que no lo es) evoca una ficción sobre la esposa real del explorador polar Robert Peary, una especie de escenario hipotético provocado por la fascinación de Barros por la psicología de la exploración ártica, según nos dicen las notas de prensa. La testaruda Josephine Peary (Binoche) llega a la isla de Ellesmere, en Canadá, en 1908, decidida a acercarse todo lo posible a su marido, que está realizando su último intento de alcanzar el Polo Norte, aún no descubierto. Los problemas: esto va en contra de los deseos expresos de él, ella es una mujer anterior al sufragio que va a depender de un grupo de hombres rudos de pelo raro para llevarla a ella y a su gramófono de una pieza, y como dice el lema de la Casa Stark, se acerca el invierno. Convenciendo a los hombres con una mezcla de engatusamiento y terquedad, Josephine finalmente se pone en marcha, guiada por algunos nativos y por el rudo y peludo Bram de Gabriel Byrne, para llegar al campamento base de su marido varios kilómetros al norte.

Camille claudel 1915

“Nadie quiere la noche”, dice el título de la obra de Isabel Coixet con sabor internacional sobre el Ártico, pero los espectadores pueden sucumbir al sueño de todos modos. Aunque no le falta sinceridad ni ambición, el retrato que hace Coixet de una ardua expedición de la exploradora estadounidense Josephine Peary a mitad de su carrera es dramáticamente tan pálido y sin vida como la tundra helada en la que se desarrolla, cargado de un romanticismo artificioso que no complementa su propósito cuasi-feminista. A pesar de la presencia de Juliette Binoche y Rinko Kikuchi -ambas mal elegidas y mal servidas por el guion sensiblero de Miguel Barros- y de haber sido elegida para abrir la Berlinale de este año, es poco probable que esta “Noche” vea la luz más allá del circuito de festivales.
Tras el delicioso milhojas continental de la primera película del año pasado, “El gran hotel Budapest”, el festival ha optado por inaugurar su edición de 2015 con un europudín más pesado: Tal y como prometía la abundancia de créditos de productoras y financiadores en la cabecera, muchas manos han hecho un gran trabajo con esta coproducción hispano-francesa-búlgara, que confunde aún más sus credenciales globales al elegir a una francesa como Peary, nacida en Maryland, y a la japonesa Kikuchi como su aliada inuit. Se trata de un territorio fronterizo conocido para la barcelonesa Coixet, que ha cultivado una línea distintiva en la producción de parches desde “Cosas que nunca te dije”, de 1996. Sin embargo, aunque se podría argumentar que el entorno de la tierra de nadie del Polo Norte es propicio para este tipo de enfoque, la patética moralización de la película sobre el entendimiento intercultural suena un poco falsa cuando ni sus inuit ni su contingente estadounidense se sienten especialmente auténticos.

Un corazón abierto 2012 ver online

Endless Night (Nadie quiere la noche) es una película dramática de 2015 dirigida por Isabel Coixet. Fue seleccionada para inaugurar la 65ª edición del Festival Internacional de Cine de Berlín[1] La película está ambientada en 1908 en Groenlandia y es una coproducción internacional entre España, Francia y Bulgaria[2] La película se estrenó con el título Nadie quiere la noche. Tras las malas críticas y las ventas, la película fue recortada por Coixet y estrenada con el título de La noche interminable[3].
Groenlandia, 1908. Josephine, la confiada y audaz esposa del famoso explorador del Ártico, Robert Peary, se embarca en un peligroso viaje en pos de su marido, que busca una ruta hacia el Polo Norte. Conoce a Allaka, una chica esquimal que está embarazada.
La película recibió críticas negativas tras su estreno en Berlín. Peter Bradshaw, de The Guardian, le dio dos estrellas de cinco y observó que “[l]a película posee sabores humanistas insípidos, gestos de nueva era y estereotipos pintorescos”[4] The Hollywood Reporter la calificó de “inconsistente” y “una bolsa mixta”. [5] En su crítica para Variety, Guy Lodge escribió que “[la película] es dramáticamente tan pálida y sin vida como la tundra helada en la que se desarrolla”[6] Jessica Kiang, de Indiewire, criticó el guión y la dirección de Coixet, añadiendo que “siempre que amenaza con encontrar su camino, pronto lo pierde de nuevo”[7].